La urgencia de responder correctamente a esta pregunta
La masiva votación del domingo 16 de diciembre abrió importantes interrogantes en la política nacional. Con casi 13,5 millones de personas expresando su preferencia con el voto en las presidenciales (85% del padrón), se transformó en una de las jornadas más concurridas desde principios de los años 90´. Los resultados mostraron un importante giro de las y los votantes, cuestión que nos obliga a plantear la interrogante de ¿Por qué millones votaron la ultraderecha en Chile? en este artículo pretendemos aproximarnos al problema.
El Chile de “los 30 años” sigue intacto.
No son pocos quienes pretenden explicar lo ocurrido en la quincena de noviembre como un giro político hacia el apoyo a posiciones conservadoras y ultra neoliberales. Otros buscan justificaciones en cuestiones morales o culturales, culpando a las y los votantes de ignorantes, falta de educación política, y llevando este razonamiento al extremo culpan a los “fachos pobres” del resultado. Ambas nos parecen respuestas equivocadas.
Como siempre, las verdaderas razones de los fenómenos políticos y sociales se encuentran en las condiciones de vida de millones de familias trabajadoras, sectores populares y pueblos oprimidos. En Chile, como en muchos países del planeta, vemos una sostenida caída en el nivel de vida de millones de personas, lo que acrecienta el malestar con los gobiernos. Muchos datos demuestran esta afirmación.
En 2022, Chile fue el país más desigual de Latinoamérica, puesto que el 1% más rico acumula el 49,8% de la riqueza. Entre 2023 y 2018, el ingreso líquido real promedio de las personas ocupadas aumenta solo 1,9%, vale decir, en 5 años, el poder adquisitivo promedio crece solo $15 mil pesos. En noviembre de 2023, la línea de la pobreza por ingresos para un hogar de 4 personas fue de $607.443 o sea, el 55,7% del total de personas ocupadas no podrá sacar a una familia de la pobreza. Laborum realizó una encuesta durante el mes de mayo pasado, en el que concluyó que al 77% les alcanza el sueldo para dos semanas o menos del mes.
El encarecimiento sostenido de las viviendas y de las exigencias crediticias, viene provocando que “100 personas se campamentizan (se toman terrenos) al día en Chile”. No es un dato aislado. En el catastro TECHO 2024-2025, se demostró que en el país hay 1.248 campamentos, la cifra más alta desde 1996. De hecho, un estudio de GPS Property demostró que las tomas ilegales de terrenos están creciendo a un ritmo promedio anual del 30%.
La Comisión Asesora Presidencial reveló que, al aplicar una metodología más estricta, la pobreza en Chile para 2022 sería del 22,3%. Todos datos duros que pueden ser complementados con muchos más, y que llevan a concluir que lejos de los discursos oficiales, nuestro país sigue la senda de desigualdad social y abuso empresarial que ha mantenido durante décadas, y que fue el motor de descontento social de la rebelión popular de 2019.
La administración del modelo económico que vienen hundiendo a los gobiernos de turno.
El capitalismo chileno, en su versión neoliberal, es la fuente de la creciente desigualdad social que vivimos. Hasta hoy, incluyendo al actual gobierno de Boric, los gobiernos de turno actúan como meros administradores de este modelo, limitándose a cambios superficiales en cuanto a resolver los problemas sociales que provoca, pero profundizando el saqueo de bienes naturales comunes y destrucción medioambiental, y sobre todo precarizando las condiciones de vida de millones de familias trabajadoras.
Por esto, desde hace quince años cada votación presidencial se vuelve el escenario en que se expresa un voto castigo a los gobiernos cada vez más marcado y masivo. Ninguna coalición política logra sostener su gobierno. Este fenómeno es que el que confunde en momentos como este, porque cuando se vota contra la derecha en el gobierno parece que millones de personas giran a izquierda, o cuando gobierna la mal llamada izquierda parece que esos mismos millones giran a la derecha cuando le quitan el respaldo electoral con que llegó a la Moneda.
Lo que realmente estamos viendo, en el fondo de este comportamiento electoral, es un permanente voto castigo. Ningún gobierno capitalista, no importa del color político con que se pinte, puede resolver las demandas más sentidas de la clase trabajadora y los pueblos, sencillamente porque cada vez son más contradictorias estas necesidades con el mecanismo que usan los grandes empresarios para aumentar sus multimillonarias fortunas. Esta frustración respecto a demandas no resueltas en décadas son las que hoy explican el giro electoral de voto a la ultraderecha.
Por eso, el voto castigo contra el gobierno de Boric es mucho más grande de los que se dieron contra Bachelet y Piñera en ambos gobiernos. No porque fuera mejor o peor que esas administraciones, sino porque como ellas administró un modelo económico cada vez más putrefacto y bestial contra millones de personas. Eso explica, además, que la otra colación política masivamente castigada con los votos fuera la derecha tradicional de Chile Vamos, el otro sector que también ha gobernado el país en estas décadas.
No podemos seguir apostando por las y los políticos de siempre, es necesario construir una nueva alternativa.
Aunque se exprese de forma contradictoria, y momentáneamente el descontento sea canalizado electoralmente por la ultraderecha, la impugnación al tipo de país que estamos viviendo es el motor de los fenómenos políticos más importantes de los últimos años. El problema de que no fortalezca a programas y opciones políticas que vengan desde las y los trabajadores, los sectores sociales más oprimidos y aquellas que defienden consecuentemente al medioambiente, es porque aún no surge con la suficiente fuerza una alternativa que permita disputar ese descontento social.
Hasta hoy la fuente del fracaso viene, fundamentalmente, por la renuncia a construir esa alternativa y volver (una y otra vez) a entregar el apoyo a los viejos partidos de “izquierda” y centroizquierda que gobiernan hace décadas. Decimos la ex Concertación, el Frente Amplio y el Partido Comunista. Mientras permanezca este problema seguirá la derecha, incluso la ultraderecha, capitalizando el descontento.
Se trata hoy de apostar por construir una nueva alternativa política y electoral, que provenga de las organizaciones, luchadores y luchadoras sociales independientes, que surja a partir de un acuerdo programático anticapitalista, de apoyo a las movilizaciones y por la unidad de todas las luchas. Para nosotras y nosotros en el MST, esa alternativa debería ser totalmente independiente de los empresarios y gobiernos de turno, y de todos los bloques políticos que hasta hoy gobernaron el país, para que Chile sea gobernado, de una vez por todas, por las y los trabajadores y el pueblo.
