El gobierno del Frente Amplio, el Partido Comunista y la ex Concertación termina su administración con un descalabro histórico en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias para su sector. Aquellos que dijeron encarnar el espíritu de cambio de la rebelión popular de 2019, terminaron pasando el mando a los más rancio de la ultraderecha nacional. ¿Cómo pudieron cambiar tanto las cosas en el país en cuatro años de gobierno?
¿Quién tuvo la culpa?
Es un lugar común entre los partidos de gobierno culpar de los errores y los fracasos de su administración a tres causas: el triunfo del rechazo en el plebiscito del 2022 y el reflujo en las luchas sociales que provocó, la oposición parlamentaria de la derecha y la ultraderecha que no los dejaron avanzar, y hasta los problemas provocados por la pandemia. Todas, obviamente, causas externas a ellos que les “impidieron llevar a cabo su programa de cambios en el país”.
Por su parte, la derecha y la ultraderecha agitan la idea de que este es el peor gobierno desde el retorno a la democracia, y por lo tanto, Chile necesita el “gobierno de emergencia de Kast para salir de las profundidades en que nos hundió Boric y los suyos”. Ambas respuestas son muy parecidas en lo fundamental: que son falsas, y que son una mentira para explicar lo qué hicieron, y lo qué vienen a hacer, culpando a otros.
Más allá de las sensaciones impuestas por campañas mediáticas, el gobierno de Boric no fue diferente a los gobiernos de la Concertación y de Piñera. Más bien, fue una administración capitalista y neoliberal, que con lenguaje de “izquierda” mantuvo intacto el modelo económico y político de la transición pactada entre la Concertación y Pinochet.
Defendió las privatizaciones, como en el caso de la crisis de la isapres en la salud privada creando un proyecto de ley que las salvó, así como su falsa campaña sobre la empresa nacional del litio que al final le entregó al yerno de Pinochet la explotación del “oro del futuro”. Fue el gobierno que más tiempo militarizó Wallmapu en beneficio de las empresas forestales, el de la reforma a las AFP que fue felicitada públicamente por las mismas AFP, puesto que les aumentó la cantidad de dinero que usan para sus negocios.
No podemos olvidar la “motosierra ambiental”, osea, las leyes con las que Boric limitó las restricciones estatales que se les impone a las empresas para que no liquiden el medioambiente, “liberandolas de trámites para que crezca la inversión”. Mucho menos olvidamos que es el gobierno que más leyes represivas aprobó, así como leyes de impunidad a carabineros y militares, entre ellas la Nahín-Retamal que permitió que Claudio Crespo, verdugo de Gustavo Gatica, saliera libre del juicio. Podríamos sumar una larga lista de leyes y medidas que impulsó Boric apoyado por la derecha, pero no tenemos tanto espacio en este artículo.
Lo que no tuvo de feminista, de ecologista, de pro mapuche, de estudiantil, poblador y trabajador, le sobro de capitalista y neoliberal. Pero hubo una orientación política, destacada por Camila Vallejos y el mismo Boric en reiteradas ocasiones, que fue la mejor expresó la misión de este gobierno: Fueron quienes “normalizaron” al país post rebelión popular de 2019. O sea, quienes liquidaron todo vestigio de lucha y organización, y revivieron al Chile neoliberal de las últimas décadas para beneficio de unas pocas familias multimillonarias. Ese es su verdadero legado.
Por eso, NO medimos a Boric por las promesas incumplidas, como el fin del CAE y el proyecto de sala cuna universal, sino por lo que SÍ hizo diligentemente a favor de los grandes empresarios y las multinacionales: mantener la profunda desigualdad social, el saqueo de bienes naturales comunes, la destrucción medioambiental y la explotación de la clase trabajadora en el país.
Le abrieron la puerta a la ultraderecha, y ahora buscan imponernos una “oposición responsable y seria”.
Al liquidar cualquier atisbo de intentos de cambios reales en el país, y gobernar como neoliberales, sembraron un masivo descontento que ha sido capitalizado electoralmente por la ultraderecha. Su política de “normalizar Chile” fue la de tratar de convencernos que las corruptas instituciones capitalistas funcionaban sí ellos las administraban. Nada más falso. Siempre han funcionado en beneficio de unas pocas familias ricas, sólo que en el gobierno de Boric y sus partidos, fueron ellos mismos los administrados por los capitalistas y sus instituciones.
Los resultados están a la vista. Una profunda crisis electoral, una total debilidad política, y un desfonde ideológico absoluto del progresismo capitalista chileno. La derrota en toda la línea de partidos y corrientes políticas que hace décadas dicen representar proyectos de izquierda, o que llegan con nuevos lenguajes y viejas prácticas, para demostrar nuevamente que sólo son otras variantes capitalistas más.Contra eso votaron, equivocadamente, hacia la ultraderecha los y las trabajadoras en el país. Fue el gobierno de Boric quien les abrió el camino a los Kast y los Kaiser.
De nuevo debemos ser las y los trabajadores y los pueblos quienes debemos cortarles el paso a estos gobiernos reaccionarios y conservadores. No confiando en la próxima oposición falsamente progresista y sus mentiras de siempre, sino con organización y movilización desde abajo, desde los sindicatos, las organizaciones territoriales, sociales y ambientales.
Es urgente una oposición a Kast independiente de los partidos de Boric. Que sea anticapitalista, antiimperialista y ecologista, y que reúna a todas y todos quienes enfrentamos las mentiras de Boric y los ataques de la ultraderecha durante estos años. Las calles serán el escenario, una vez más, de quienes realmente estamos por cerrarle el paso a la ultraderecha.
